La cabellera

¡Oh, melena rizándose hasta el hombro! ¡Oh, zarcillos de cabello!

¡Oh, perfume que respira indolencia!

Extasiado, esta noche llenaré nuestra alcoba

Con recuerdos que duermen en tu mata de pelo,

Agitándolo al aire como un negro pañuelo.

¡Toda el Asia en desmayo y el ardor que hay en África,

Todo un mundo remoto casi muerto y ausente

Vive en esa espesura, aromático bosque!

Si otras almas navegan en el mar de la música,

Yo prefiero, amor mío, extraviarme en tu olor.

Iré allí donde el árbol, como el hombre, pujantes,

Desfallecen al cabo bajo un tórrido cielo.

¡Fuertes trenzas que sois oleaje que arrastra!

En tu mar, que es de ébano, veo un sueño radiante

De remeros y velas, gallardetes y mástiles;

Y unos puertos ruidosos donde mi alma se impregna

De perfumes, sonidos y de todo color;

Donde hay baros que surcan aguas de oro y moaré,

Y abren brazos inmensos abrazando la gloria

De un purísimo cielo que el calor estremece.

Hundiré mi cabeza, ansia ya de embriaguez,

En el negro océano donde está preso el otro;

Y el sutil corazón que el vaivén acaricia

Sabrá cómo encontrarte, oh fecunda pereza,

Balanceo infinito de aromado abandono.

Azulados cabellos, pabellón de tinieblas

Que sois cifra en azul de la bóveda inmensa,

Junto al halo sedoso de esas hebras rizadas

Ardoroso me embriago de la mezcla olorosa

Del aceite de coco, del almizcle y la brea.

Largo tiempo mi mano en tu espesa melena

Sembrará los rubíes, los zafiros y las perlas,

Para que a mi deseo nunca puedas ser sorda.

¿Es que no eres oasis en que sueño, y el odre

En que bebo sediento el licor del recuerdo?

Post dedicado a María Sánchez

Fotografía extraída del perfil de facebook: María Sánchez

Edición: Photoshop

Escrito: Chales Baudelaire / LAS FLORES DEL MAL

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *